
BOGOTÁ, Colombia En el día de hoy, estamos conmemorando los doscientos años del grito de independencia que marcó el inicio explicito de una serie de batallas entre el ejército español y el ejército criollo, estas batallas se extienden durante 9 años, hasta que finalmente, el 7 de agosto de 1819, con la batalla de Boyacá, el gobierno español debe darse por vencido.
Pero en realidad, el hecho de haber surgido como república independiente no aportó a los colombianos una paz duradera, como tampoco condiciones de justicia y desarrollo equitativo. Si analizamos nuestro entorno, podemos afirmar que la verdadera independencia y libertad ha sido siempre esquiva para nuestra nación, ya que el fin de un poder ha dado espacio a otros poderes no menos tiranos y opresores que no permiten vivir a los colombianos como ciudadanos libres. Las luchas violentas entre compatriotas no han secado en estos doscientos años de historia. Actualmente los varios grupos alzados en armas siembran desolación y desconfianza en muchas regiones del país, el acelerado crecimiento de las urbes aumenta considerablemente el desempleo, la miseria y la inseguridad.
Pero en medio a este panorama de desencanto, hay muchísimas iniciativas de solidaridad, signos de hermandad, semillas del Reino de Dios. Porque realmente, antes de ser ciudadanos colombianos, somos miembros del pueblo de Dios y tenemos la certeza de que, puesta nuestra fe en El, seguirá encendida la esperanza de un futuro más fraterno, más pacífico y más humano.